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manuela

Mujeres de armas tomar

Mujeres de armas tomar La especie humana aparte de dividirse en dos géneros, a saber, femenino y masculino, tiene subdivisiones infinitas.
Pero como no me gusta hablar de lo que no conozco, me centraré en el género femenino.
Hay mujeres y hembras.
Hay mujeres (¿no tiene Oz un poema que se llama así?) que escriben su vida como les enseñaron, con buenas maneras, con miedo a lo desconocido y con sumisión al varón.
Y luego, están las hembras, esa mutación de las mujeres, tozudas, perseverantes, estrictas, valientes, rebeldes, guerrilleras de ojos que no se esconden y grandes. Pero no necesariamente grandes de tamaño, no, sino grandes alma e inquietudes, grandes de coraje. Grandes cómo no, de nombre nunca se llamarían MariPili, Martita, Susanita, Antoñita, Juanita o Manolita.
Son esas mujeres que cada día se plantan delante de la vida y la invitan a fuerza de capotazos, a que se les arrime sin miedo a recibir ninguna corná, que pese a haberlas, estas mujeres saben bien cómo remendarse las heridas.
Juana es una de estas hembras, de una pieza. Se enfrenta a las autoridades en una pelea justa, limpia mocos de chiquillos que salen a su paso, y no se le caen los anillos por limpiar retretes para conseguir adeptos a una causa que ella considere importante.
Tan hembra, que la echaron del pueblo las autoridades, hombres que temblaban cuando ella entraba en la casa consistorial.
Se peleó hasta con el cura, ella salió perdiendo, la echaron, pero la corná se la llevó el párroco.
Yo la recuerdo con cariño y orgullo de haber tenido trato con ella.
Recuerdo a mi hermana cosiendo a máquina los hábitos de las monjas nuevas, mientras Sor Juana (que odiaba coser) con los hábitos arremangaos poniendo un zócalo al portal de mi casa martilleaba y decía:
-Estas novicias cada vez son más sumisas, así no resolverán ningún problema, una no se puede achicar ante el alcalde ni ante nadie si quiere tirar p´alante. Y la que se crea que rezando va a quitar el hambre o va a restaurar la luz y agua de alguien por falta de pago, que recen, que recen y que no coman hasta que ese alguien tenga luz.
Mi madre, aveces le decía que no sabía cómo no se había casado, que habría hecho feliz a cualquier hombre. Ella le contestaba: -Seguro que sí, Dolores, seguro que sí, pero que no cualquier hombre sería capaz de hacerme feliz a mi.
Aquel alcalde, que consiguió que se la llevansen del pueblo era apodado Pepe el Católico.
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2 comentarios

eMe -

Ponele hembra, jembra o la etiqueta que gustes. Para mí hay mujeres cómodas con su papel cultural y otras que no. Igual que los hombres.
:-)

Amanda -

Hipocresías de la vida!!
Será asquerozo el alcalde, hablando de to un poco.
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