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manuela

Cuando la pena se multiplica por doscientos.

Cuando la pena se multiplica por doscientos. Ayer fui de entierro. Se había muerto un familiar. ¿saben? No sé si estoy loca.
Lo siento por ella, porque no va a poder disfrutar de sus nietos y de muchas cosas, pero lo siento y me duele por los más cercanos a ella. Ellos que con tanto cariño y paciencia la han ayudado a vivir mejor en estos años de enfermedad. Me da pena su dolor, su esfuerzo baldío, sus noches en vela sabiendo que no hay marcha atrás y que por más mimos y cuidados no se iba a recuperar. Más que ayudarla a vivir, le han ayudado a morir conduciéndola hasta el último suspiro dignamente y con todo su amor. Eso es morir con dignidad.
Por eso y porque cuando se murió mi padre muchas de las personas que ayer estaban doloridas, ese día me dieron su apoyo, ayer yo pagué parte de una deuda que nunca se acaba de pagar.
Mi padre se murió un jueves a ochocientos kilómetros de donde yo estaba.
Me llamó mi madre y me dijo: - Niña, se ha ido- .
Claro que se veía venir, los cánceres es lo que tienen, que avisan.
Llegamos a eso de las cuatro de la mañana y en mi casa había gente, mucha gente, que quería que en esos momentos de pena no estuviéramos sólos.
Mi madre, que en todo momento se había mantenido serena y firme hasta el último momento al verme se derrumbó y abrazándome se rompió su fortaleza. Quizás por ser yo la última, la pequeña.
No sabía yo que las penas compartidas son menos penas, así como con pan también son menos. Qué larga fue la madrugá. Desde entoces sé que sin agobiar, se agradece que haya compañía y que se hablen de cosas pasadas vividas, porque eso te hace no pensar y tener que guardar las formas. Por otro lado no sé si hubiese preferido más intimidad para mi vacío, no lo sé por que como no lo tuve, no sé si hubiese sido mejor.
Lo enterramos un viernes y el Lunes a las tres de la mañana, no me pregunten cómo, me planté la sonrisa, la riñonera y me fui a trabajar.
No tuve tiempo ni de llorarle, no sé si eso ha sido bueno porque siempre tengo la sensación de que se mereció más lágrimas.
Pero claro , por otro lado pienso que, con el genio que siempre ha tenido y sabiendo como sé que no es muy dado a las expresiones de afecto, sé que si me hubiese derrumbado encima se hubiese cabreado conmigo. ¡Esta chiquilla, qué blanda es!
Con lo orgulloso que él estaba de mi cuando me veía al volante de mi camión, el borriquillo Luis me decía que era. El borriquillo Luis era un burrito chiquito que tuvo hace muchos años y de que chiquito resultaba gracioso, pero que cargaba y rendía como uno grande.
Yo no sé qué pasa con las penas que no se lloran, a lo mejor se van enquistando en el alma y nos va volviendo huraños ¿no? ¿será eso a lo que se llama madurar? ¿habré madurado ya?
Me ha pasado con más de una cosa, que se ha quedado sin llorar en su momento y luego al tiempo alguien me pregunta y zás, echo a llorar como echando de dentro lo que se había ido quedando rancio.
Pero hoy que pienso en pena de masacre, dolor inesperado e impotencia, ¿cómo se lloran a doscietas personas? si con una y con previo aviso ya es difícil, ¿cómo se hace para que quepa en el pecho tanto dolor y poder respirar a la vez?.
Cuando una persona se nos escapa de nuestras vidas suele haber un choque de emociones que se mezclan creando una aún mayor de nombre desconocido pero que ahoga el alma, duele el pecho y hace que acompañemos a nuestros muertos en un estado de catarsis. Y en días como hoy, hace un año de 11M, sin caer en el morbo y de corazón hay que llorar a nuestros muertos. Que son ellos, los fallecidos en este día, aun sin conocerlos, nuestros son, porque en ese tren también iba yo.
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3 comentarios

Thryss -

muda, me he quedado muda.

Lokura -

Me ha encantado como has ido tirando del hilo...

Daisy -

lo que se tuvo que decir ya se dijo en su momento..
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