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08/03/2005

Feliz día de la tomadura de pelo

trabajadora.jpgTres y media de la mañana , suena el piiii despertador, manotazo. PiPiPiPi PiPiPi PiPiPiPi PiPiPi El otro jodío despertador, asomo mi cuerpo a ese gélido ambiente de fuera de las mantas, apago el puto despertador y me lo llevo a la cama, me abrazo a Oz.
Piiiiiiii resuena el despertador del manotazo, me levanto y comienzo a vestirme por toda la casa, asusto mi cara con agua fría y la cubro de crema hidratante, me peino ¿me he peinado hoy?, no me acuerdo. Pillo un actileches de la nevera y salgo a la calle.
El camión está aparcado allá lejos y me cruzo con dos de los habituales de esta hora, pero joder, se ha parado un coche a mi paso por la glorieta y no me suenan. Agarro el teléfono móvil simulando estar hablando con alguien, se baja un menda del coche- sí ya voy, ya llego- no hablo con nadie pero el menda ese no lo sabe. Ah joder, que sólo iba a sacar pelas del cajero de la BBK. Leches con la gente, qué sustos da.
LLego al camión, subiendo que es gerundio y camino de MercaBilbao que me voy. Qué frío hace, esto en vez de calefacción lleva aire frío. Al entrar en la cafetería del merca hago un gesto con la cabeza y el camarero me da los buenos días mientras prepara mi corto de café y leche templada. No hay que hablar, eso es una maravilla. Hago la lista de la compra mientras disfruto de el cigarrito y el café. Al salir dejo sobre la barra 1.05 €, le dedico una sonrisa a quien me cobra y un hasta luego guapo que suele ser respondido con un hasta luego Manuela.
Este mercado está cada vez más triste. Las heladas hacen que las verduras escaseen y las frutas de temporada hayan perdido fuerza y calidad. A ver ahora cómo leches me las ingenio yo para llevar buen género a la tienda y que no se dispare el precio.
Un kilo de vainas ( judías verdes) valen 7€ , ni de coña me llega a mi el dinero para eso. ¿Y las alcachofas?. "El pequeño" (que mide casi dos metros y es de un diámetro indefinido pero grande) me pide por las alcachofas a 2€ - anda peque, que no hay manera ¿a 1.5€ no te puedo echar alguna?, venga hombre que no te voy a comprar muchas, que las vean solamente.
Entonces es cuando el pequeño empieza a cantar a voz en grito eso de :
Que alegría cuando me dijeeeeron
Vamos a la casa del señoooorrrrrrrrr - Echa alguna pero no muchas que lo mio contigo es como una obra de caridad.
Ahora he de pelearme con el calvito, que el jodío me cobró ayer mal, en vez de destararme los tomates a 0.700g me los destaró a 0.600 y eso por 22 cajas a 1.5€ son casi tres euritos que por error me cobró de más, digo yo que habrá sido por error.
Las lechugas están quemadas por el frío, así que para buscar veinticuatro cajas decentes he de mover algo así como sesenta.
Este jodido frío y la humedad del río se meten en los huesos. En el otro pabellón están los hombres más asalvajaos, en vez de entonar cantos eclesiásticos te pueden decir que si estás de obra y claro, tú te miras (ya me he manchado seguro)- ¿dónde estoy manchada?- No, guapa no estás manchada, pero tienes un polvo... Y ese es de los simpáticos.
Maniloto gafotas, así apodado por mi, tiene unos cincuenta años, calvito y gordito siempre con una sonrisa amable pero inflexible en la negociación de precios. Es formal y me agarro a su brazo mientras tratamos de manzanas golden. Al lado está el Clark Gable, un hombre bien puesto y de medio fiar, cuando no te mete las narajas heladas o las mandarinas secas.
Las cajas de naranjas sobre pasan los veinte kilos, unos veintidós, moverlas es cosa de hombres o de mujeres necesitadas (este es mi caso) lo mismo pasa con las manzanas. Las putas cajas que me revientan la espalda y dañan las muñecas, luego me duelen y he de usar muñequeras.
Una vez comprado el género, nueces, peras, berzas, uvas blancas, uvas negras, pimientos ... en fin todo aquello que se encuentra en una frutería normal es cuando un chico me lo lleva hasta el camión y yo comienzo el recorrido de todas las taquillas para pagar el género comprado.
Camión cargado, facturas pagadas vamos a la tienda donde entres Superwoman, Spadierwoman la jefa (yo ) y Gus descargamos el camión y comienza la faena.
En este momento es cuando yo subo a casa a tomarme un café con Oz, por cierto cielo a ver si es posible que muevas el culo de la cama antes y me lo hagas tú a mi en vez de yo a ti. Aprovecho para mirar el correo y me las repiro echando leches a la tienda a ponerme a atender.
Entonces es cuando me planto la sonrisa y
-Buenos días señora, qué le pongo-
-¿y qué más?
-¿más?
-Buenísimas, las lechugas son buenísimas
- Claro, los pimientos de asar lisos, uniformes ¿ah que los quiere entreverados? bien.
-Las patatas 5k 1.40 euros, sí están caras.
-¿y qué más?
-¿más?
-Son tantos euros, espere que le reparto el peso en dos bolsas que lo lleve mejor.
Una vez y otra y otra. Joder qué frío hace en la tienda, y otra vez.
Así hasta las dos.
En casa cuando llego a esas horas Oz anda trasteando en la cocina y yo la verdad preferiría dormir a comer, pero como.
Trago y mal mastico corriendo para irme al sofá a estirar la espalda y entrar en calor tapada con la manta. Echo la siesta y a eso de las cuatro y cuarto Oz me llama. A las cinco con el café tomado me bajo para la tienda. A las ocho vuelvo a casa.
¿Que está sin fregar? que esté, me importa una mierda.
¿Que la ropa que se tendió en los radiadores el domingo aún esta? ¿y a mi qué?
¿Que la encimera tiene grasa? No me toquen los cojones.
No pienso hacer nada más, que estoy harta de ser mujer trabajadora y cagoentolobarrío la mierda de igualdad cada vez me jode más.
Mientras nosotras trabajamos como mulas fuera (dentro juro que no tengo fuerzas) ellos siguen con su ceguera selectiva.
Anda ya y que les folle un pez.

11/03/2005

Cuando la pena se multiplica por doscientos.

rosa.jpgAyer fui de entierro. Se había muerto un familiar. ¿saben? No sé si estoy loca.
Lo siento por ella, porque no va a poder disfrutar de sus nietos y de muchas cosas, pero lo siento y me duele por los más cercanos a ella. Ellos que con tanto cariño y paciencia la han ayudado a vivir mejor en estos años de enfermedad. Me da pena su dolor, su esfuerzo baldío, sus noches en vela sabiendo que no hay marcha atrás y que por más mimos y cuidados no se iba a recuperar. Más que ayudarla a vivir, le han ayudado a morir conduciéndola hasta el último suspiro dignamente y con todo su amor. Eso es morir con dignidad.
Por eso y porque cuando se murió mi padre muchas de las personas que ayer estaban doloridas, ese día me dieron su apoyo, ayer yo pagué parte de una deuda que nunca se acaba de pagar.
Mi padre se murió un jueves a ochocientos kilómetros de donde yo estaba.
Me llamó mi madre y me dijo: - Niña, se ha ido- .
Claro que se veía venir, los cánceres es lo que tienen, que avisan.
Llegamos a eso de las cuatro de la mañana y en mi casa había gente, mucha gente, que quería que en esos momentos de pena no estuviéramos sólos.
Mi madre, que en todo momento se había mantenido serena y firme hasta el último momento al verme se derrumbó y abrazándome se rompió su fortaleza. Quizás por ser yo la última, la pequeña.
No sabía yo que las penas compartidas son menos penas, así como con pan también son menos. Qué larga fue la madrugá. Desde entoces sé que sin agobiar, se agradece que haya compañía y que se hablen de cosas pasadas vividas, porque eso te hace no pensar y tener que guardar las formas. Por otro lado no sé si hubiese preferido más intimidad para mi vacío, no lo sé por que como no lo tuve, no sé si hubiese sido mejor.
Lo enterramos un viernes y el Lunes a las tres de la mañana, no me pregunten cómo, me planté la sonrisa, la riñonera y me fui a trabajar.
No tuve tiempo ni de llorarle, no sé si eso ha sido bueno porque siempre tengo la sensación de que se mereció más lágrimas.
Pero claro , por otro lado pienso que, con el genio que siempre ha tenido y sabiendo como sé que no es muy dado a las expresiones de afecto, sé que si me hubiese derrumbado encima se hubiese cabreado conmigo. ¡Esta chiquilla, qué blanda es!
Con lo orgulloso que él estaba de mi cuando me veía al volante de mi camión, el borriquillo Luis me decía que era. El borriquillo Luis era un burrito chiquito que tuvo hace muchos años y de que chiquito resultaba gracioso, pero que cargaba y rendía como uno grande.
Yo no sé qué pasa con las penas que no se lloran, a lo mejor se van enquistando en el alma y nos va volviendo huraños ¿no? ¿será eso a lo que se llama madurar? ¿habré madurado ya?
Me ha pasado con más de una cosa, que se ha quedado sin llorar en su momento y luego al tiempo alguien me pregunta y zás, echo a llorar como echando de dentro lo que se había ido quedando rancio.
Pero hoy que pienso en pena de masacre, dolor inesperado e impotencia, ¿cómo se lloran a doscietas personas? si con una y con previo aviso ya es difícil, ¿cómo se hace para que quepa en el pecho tanto dolor y poder respirar a la vez?.
Cuando una persona se nos escapa de nuestras vidas suele haber un choque de emociones que se mezclan creando una aún mayor de nombre desconocido pero que ahoga el alma, duele el pecho y hace que acompañemos a nuestros muertos en un estado de catarsis. Y en días como hoy, hace un año de 11M, sin caer en el morbo y de corazón hay que llorar a nuestros muertos. Que son ellos, los fallecidos en este día, aun sin conocerlos, nuestros son, porque en ese tren también iba yo.

13/03/2005

Sissí, ¿o no?

Hay que ver qué mala imagen tienen ustedes de mí, sí, de mí. Claro, se creen después de haberme leído que soy ruda, áspera. Eso de que lleve navajita en el bolsillo despista claro, lo del camión descoloca lo entiendo. Eso de que trabaje cargando cajas de más de veinte kilos... No, no llevo palillo de dientes en la comisura de la boca locos. No sé qué feria os habéis montado pero nada, no tiene nada que ver conmigo.
Yo de mayor quiero ser una chica almdóvar, que decía el otro, pero ya ven me quedé en proyecto de mujer fatal. Si es que para ser mala y desvergonzada hay que valer y yo, como mucho, valgo lo mismo que La Revoltosa, la gaseosa digo, que cuando la abres pssss se le va toda la fuerza por la boca, de la botella .
A mí lo que de verdad me habría gustado es vivir en los tiempos de Sissí.
Sí, así con esos vestidos con taaanto vuelo y esos encajes, y esos peinados y esas joyas, y esos abanicos, y esos mensajes cifrados con ellos.
¡Ay! Esos bailes, esos valses, esos hombres uniformados, esas mujeres tan ceñidas en sus corpiños. Oiga, que no había gordas, que lo sé yo, que no salen en las pelis. Y ese aspecto de fragilidad y esas melenas y esos perfumes y esas doncellas, que si ven para acá, que si ponme, que si quita.
Y esos jardines por los que pasear con el amado de turno, apoyado mi brazo en su brazo. Si es que me veo, me veo y no me reconozco con mi sombrilla con volantitos en derredor, al lado de mi Oz, él con su apuesta figura, yo con mi cuerpecito de Eva Nasarre, y paseando mientras él va diciéndome requiebros, envueltos en mil perfumes embriagadores por jardines con recónditos lugares, donde de vez en cuando, él se atreva a con sus labios rozar mis labios, aprovechando la escasa vigilancia de nuestros padres. ¿A que ustedes también me ven? Claro, ya lo sabía yo. En fin.
A lo que iba, que a mí me había gustado eso, pero claro, cuando se lo comento a él me dice severo:
- ¿Tú sabes que en ese caso habrías de ser sumisa y sólo pasear conmigo con vigilancia y casarte con la persona designada por tus padres fuese o no fuese yo? ¿Tú sabes que no te ducharías todos los días, no fumarías y no podrías palmearme el trasero cada vez que te diese la gana ni pasearte en calcetines por la casa?
Ahí, ahí es donde yo recapacito y me devuelvo a la realidad.
Y ¿saben ustedes? A lo mejor eso de tener que ir apretá en el corsé no me molaba, ni lo de tener que acatar la voluntad de mis padres, y después esposo, sumisa. No, no me veo yo sin poderpalmearle el trasero a Oz, ni sin poder ir dando saltitos en calcetines por el pasillo de casa. ¿Y el cigarrito del café, eh? ¿Y el poder mascullar desde el camión eso de "mujer tenía que ser"?
¿Y para orinar con tantas capas y vuelos? ¿eh?
Que no, que me prefiero como me ven así, en vaqueros.

26/03/2005

Placeres personales

lectora.jpgYa son las siete, hasta las diez no lo podré coger, con las ganas que tengo yo de seguir con él. Es que además, no sé lo que me pasa pero no me cansa. Siempre me sorprende y me deja con ganas de más y más y más. Pero el caso es que me sacia, me relaja, la verdad es que ahí está la diferencia, este que tengo ahora es bueno. Me deja hecha un manojo de nervios y me engancha y no quiero que nunca se acabe, pero necesito llegar al final.
Donde más lo disfruto es en la cama, pero tampoco están mal el sofá y la playita, aun así donde se ponga una buena cama ...que se quite todo lo demás.
Yo no sé cómo hay gente que puede hacerlo en el metro, o en el tren o en el bus. Bueno, de todo tiene que haber. Quizás es que yo soy distraida y si estoy atenta a la parada no me concentro ¿y si me paso de estación, eh?.
Además, que para disfrutarlo necesito estar tranquila ¿y lo relajadita que me duermo yo después? por dios, eso no se paga con dinero.
La verdad es que hay algunos que tiene buena fama pero a mi me aburren horrores y otros que son desconocidos que me apasionan. Lo más divertido es que a Oz no le importa y además me anima y me aconseja alguno de ellos, a veces con más de uno, o sea dos. Porque eso de que Oz me anime ayuda y mucho.
Ahora que lo pienso últimamente también disfruto mucho en Internet, la verdad es que me dan ganas de llevármelos a la cama y disfrutar allí tumbadaza de ellos, que eso de la silla a veces cansa, pero bueno, a todo se amolda una. Con los de Internet Oz también me ayuda, no crean, me dice mira este, prueba el otro no te pierdas esto o lo otro. El caso es que cada vez me gusta más y les dedico más tiempo.
Pero para por las noches sigo prefiriendo los de fuera de la red, lo de toda la vida, vamos.Además una tiene sus perversiones, como disfrazarlos con papel de periódico o de revista de colorín o marcarlos, para saber por dónde voy y no perderme.
La lectura, es un momento muy íntimo, un momento de comunión entre el autor y el lector. Si el autor es bueno en el uso de la gramática y manejando la imaginación resulta que nos secuestra y nos transporta al mundo que nos narra.
Eso pasa con los buenos claro, los malos escritores son como los malos amantes, que cansan, y una no deja de pensar: joder que se acabe pronto este polvo, que aburre.
Por contra, cuando una se topa con un escritor que sabe enamorar se agarra al miembro, digo al libro, y desea que llegue ese momento de intimidad en el que a través de la lectura se mezclará con él, o ella, que en esto de la lectura da lo mismo macho que hembra si el texto merece la pena.
Pese a que no leo libros en la pantalla del pc sí que disfruto con cada uno de los artículos que mis queridos amigos y amigas blogeras escriben cada día enamorándome, enfadándome o haciéndome llorar.
Ahora estoy acabando, en la cama, con uno de Lorenzo Silva, se lo recomiendo a todos los lectores, cualquiera de los de la pareja Bevilaqua y Chamorro. Y no se dejen escapar a Montálbano, creación del italiano Andrea Camilleri.
En fin, lo dicho, a leer y gozar, que son dos días.

Envidia cochina

alumato.jpgEstaba yo practicando lectura por estos lares y me pasé por la casa de Tautina, y jo, me dio envidia.
Tautina

30/03/2005

Pagando deudas

0.jpgHacía tiempo que no sabía nada de él. Ya no viene a mi mente tan asiduamente, pero esta siesta por no poder conciliar el sueño, me imagino que por verme desvelada ha venido a verme.
Tenía yo catorce años cuando conocí a Jesús. Aquella primavera me había cortado las coletas y pasado de llevar vestidos de vainicas y lazos a usar minifalda de volantes en tonos fucsia y el pelo a lo Ana Torroja (la imagen de cuando estaba en Mecano)
Jesús era el penúltimo de diez hermanos. De los nombres de los demás apenas me acuerdo pero sí de los más pequeños y luego verán el por qué.
Mis primas siempre fueron "más listas" que yo, ya les digo que con catorce años me vestí de chica moderna por primera vez. El año anterior yo ya le había fichado, pero no cuenta porque él ni tan siquiera había reparado en mí. Pero este año, este verano todo sería diferente. De entrada mis primas me dejaron unirme a ellas por ir vestida de una manera más parecida a ellas y por haber osado cortarme las coletas, abandonar los lazos y ponerme algunas mechas rosa fucsia.
Bajamos una tarde, que imagino sería la del primer viernes del mes de agosto, preparadas para ir a la discoteca. ¿Que no teníamos edad? Ya, claro, pero es que la discoteca era de uno de mis tíos y nos dejaban entrar. Mi prima Rufi, algo más pequeña que yo, salía ya desde hacía dos veranos con Pablo, el menor de los diez hermanos. Menchu, otra de mis primas estaba, esta de continuo porque vivía allí con Miguel, creo que era el nombre del cuarto menor. Y Lolita, un poco mayor que nosotras, salía con Julio, otro de los hermanos, el tercero empezando por el menor, ya saben.
Se decía que eran chicos de mala reputación. Pero sencillamente eran chicos que venían de un pueblo de San Sebastián y que tenían otras costumbres más avanzadas que las de la aldea de Córdoba en la que se instalaron.
Todos, todos adoraban a su madre. Ya ven, los diez hijos varones, en busca de una chica dale que te pego, intenta que te intenta. Pero yo sé que ellos la adoraban creo que mucho más que cualquier hija a su madre.
El caso es que aquel verano, recién estrenada mi adolescencia y mi imagen de chica moderna Jesús se fijó en mí, pero no sabía que yo era la de las coletas y lazos del año anterior. Mi primer amor, no voy a decir que novio, pero sí el primer hombre del que me enamoré. Tendría él dieciséis o diecisiete años, para mi un hombre hecho y derecho. Tenía los ojos con un brillo especial y una sonrisa cautivadora, el pelo tieso, tirando a rubillo.
Pasé aquel verano como nunca antes lo había pasado y se acabó aquel mes de vacaciones en un suspiro, no nos dio tiempo a querernos más que veintiocho días. Al volver a Bilbao todo absolutamente todo el trayecto lo hice llorando, ochocientos cuarenta kilómetros de lágrimas más los días posteriores. Cartas iban y venían desde Córdoba a Bilbao. Ese año acumulé tantas cartas y lloré tanto...
Lo mismo que el escaso mes de estar a su lado se me escapó sin darme cuenta los once meses restantes se me multiplicaron por dos mil. Qué año tan largo, las clases nocturnas en el instituto me ayudaron pues eran otra actividad nueva en mi vida y eso daba mucho juego para contarle cosas y vivencias. Pasó el siglo de once meses y volvieron las vacaciones, mi prima Rufi que también residía en Bilbao se había buscado un noviete aquí, reservaba a Pablo para los veranos solamente, pero yo no valgo para eso, que para todo hay que valer.
Volví a Córdoba al pueblo y la misma tarde de mi llegada quedamos Jesús y yo. Joder, yo nunca antes me había enamorado. Pasamos la tarde llorando, sentados en el rebate de una casa vieja abandonada y contándonos lo que ya por carta nos habíamos contado mil veces, recordando lo doloroso que era la ausencia del otro. Ese verano fue incluso mejor que el anterior, porque ya sabíamos que nos queríamos, y eso hace las cosas más fáciles. Acudíamos las primas y parte de la bandada de hermanos a la discoteca de mi tío y una vez dentro hasta nos besábamos. Bueno, nos besábamos y descubríamos que las caricias en el brazo son erógenas, aqunque entoces tampoco sabíamos lo que era erógeno. Una noche de disco, se le ocurrió entrar a mi tío a dar una vuelta por allí y adivinen el cuadro que se encontró. Sí claro, las tres sobrinas y su hija acurrucaditas con los modernos esos. Nos miró pero no nos dijo nada, se fue. Madre del amor hermoso ¡la que se lió!. Cuando estaba mi tío cenando, yo, que siempre he sido de ir muy de frente me le acerqué y le pregunté si se lo diría a mi madre, no me contestó. No se lo dijo.
Pero claro en verano, con las calores que teníamos, yo al menos, provocadas por el sol y por la edad me dejé hacer un chupón en el cuello. Sí, un chupón, y encima acojonaita por si me quedaba embarazada con el chupón, bendita ignorancia. Mi madre me pilló, y ahí sí que me llovieron los guantazos de todos los colores ¡su hija con un chupón en el cuello! ¿Y qué coño esperaba, si no le dejaba bajar del cuello?.
A escondidas, más a escondidas que nunca, seguimos viéndonos Jesús y yo. Y si el año anterior lloré en la despedida y en el viaje este pueden imaginarse. Yo me quería morir si no podía estar a su lado.
Volví a Bilbao, el cartero empezó a tener trabajo extra, eran dos o tres cartas semanales. Un día sonó el teléfono, era mi prima Lolita. Nadie se atrevía a decírmelo, así que ella me llamaba. A Jesús le habían matado.
En las fiestas de un pueblo cercano habían pillado a uno de sus hermanos con costo, con chocolate, yo no sé si Jesús fumaba cuando no estaba conmigo, pero yo nunca le vi. A lo que iba, le habían pillado y le habían detenido. Jesús y Pablo al ver la movida fueron tras los guardias que se llevaban al otro miembro del clan dándole calor a base de golpes. Mira por donde, a uno de los guardias se le escapó un Me cago en tu puta madre, y claro eso a estos chicos era como ... como que ambos hermanos menores se les echaron encima a los guardias dispuestos a merendárselos. Uno de los guardias sacó una navaja y a navajazos me lo mataron.
Durante años cada vez que he ido al pueblo, he ido a verle al cementerio. Muchas veces se me ha venido a la cabeza. Hacía mucho tiempo que no le pensaba, quizás por que el corazón se me enamoró de Oz, pero esta tarde no sé por qué me lo he pensado y he querido contarlo antes de que el paso del tiempo me desdibuje más las cosas, las caras, los nombres y los sentimientos. Muchas veces cuando las cosas se me torcieron estando sola y él muerto se las conté a él, y aunque ya no lo hago, creo que se merecía este recuerdo.




manuela

Tengo un gran corazón, por eso perdono tus defectos, y los míos. Así nos llevaremos mejor

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